¿Estamos realmente locos?

El concepto de locura no es tan reciente como parece. Durante la Edad Media y el Renacimiento ya había lugares reservados para los “insensatos”; éstos eran considerados extraños y eran expulsados de la sociedad. De manera que los ciudadanos se encargaban de ellos, determinando las pautas de comportamiento entre extraños y no extraños, algo parecido a lo que presenciamos en la actualidad en conceptos como: normal y anormal; sano e insano.

Foucault, M. (1967) señala que 👉👉👉

Pero ¿Cómo se comportaban para ser considerados así? ¿Qué es lo que hacían?

En el año de 1818, Esquirol los describe de la siguiente manera: “yo los he visto desnudos, cubiertos de harapos, no teniendo más que paja para librarse de la fría humedad del empedrado en que están tendidos. Los he visto mal alimentados, privados de aire para respirar, de agua para calmar su sed de las cosas más necesarias de la vida. Los he visto en recintos estrechos, sucios, infectos, sin aire, sin luz, encerrados en antros donde no se encerraría a los animales feroces que el lujo de los gobiernos mantiene con grandes gastos capitales”.

Bajo esta visión, cualquier comportamiento similar al descrito por Esquirol era considerado locura. Sin embargo, es ¿funcional llamar locura a comportamientos ajenos al nuestro? Probablemente sí, porque hasta cierto punto, somos incapaces de describir aquello que no entendemos. Pero para un análisis profundo de esto convendría cuestionarnos otras cosas, por ejemplo: ¿en qué condiciones sociales vivían “los locos”? ¿Qué políticas gobernaban el estado, país o ciudad? ¿A qué nivel socioeconómico pertenecían? ¿Tenían acceso a salud, cuidado y alimentación? ¿Era una razón suficiente estar sucio y por ello ser catalogado “loco”?

Pareciera que estos cuestionamientos se encuentran de más para un análisis como este, sin embargo, la visión acerca de la condición de una persona no debería de ser evaluada como un comportamiento en sí mismo, si no a las condiciones del contexto (lugar donde viven, personas con las que interactúa, lugares que visita, el orden familiar, etc) y cómo esto condiciona la manera en que responde.

“Pensar el lugar de la locura en la sociedad contemporánea implica comprender el entramado de relaciones sociales y políticas que han determinado su existencia y sentido”.

Cea, J. y Castillo T. (2018)

El DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales) utilizado muy frecuentemente en la psiquiatría y en la psicología (de manera muy general) es una guía de trastornos mentales que engloban diferentes síntomas (formas de ser y comportarse). En las mejores formas, ha sido utilizado exclusivamente como guía para entender cómo se está comportando una persona y así poder guiar su tratamiento de manera más eficaz; en las peores formas, ha sido utilizado para determinar qué persona está loca o no, qué puede hacer o no dentro de la sociedad, qué capacidades intelectuales tiene y si es apta para estar dentro del sistema social, y si no, ser internada para su protección y para la protección de los otros.

Esto último no está muy alejado de lo que pasaba en el siglo XVIII. ¿En este sentido, realmente ha evolucionado la psiquiatría? ¿Quiénes son exactamente los locos?

Es un privilegio absoluto de la locura el reinar sobre todo aquello que hay de malo en el hombre. Y por lo tanto reina también sobre todo el bien que puede hacer: sobre la ambición, que hace a los políticos hábiles; sobre la avaricia que aumenta las riquezas; sobre la indiscreta curiosidad que anima a filósofos y sabios […]

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