¿Por qué mi mascota me hace tan feliz? – Mascotas y Salud Mental.

Las mascotas ayudan a disminuir las alteraciones psicológicas, reducen la sensación de soledad, incrementa el sentimiento de intimidad, conduciendo a la búsqueda de la conservación de la vida en las personas enfermas.

En estados de depresión, estrés, duelo y aislamiento social, las mascotas se convierten en un acompañamiento incondicional, aumentando la autoestima y el sentido de la responsabilidad, que necesariamente genera una mejor integración con la sociedad.

La interacción con animales promueve la actividad física, ayuda a centrar la atención, estimula la interacción social, mejora el sentido del humor, favorece el contacto físico, el juego y las demostraciones de afecto tanto con la mascota como con otras personas. También favorece la independencia, el sentido de valor y utilidad para otros, y la motivación. Finalmente, incentiva un estado afectivo positivo, un aumento de la autoestima y un sentido de logro.

La compañía de las mascotas

La compañía de mascotas se ha reconocido como un factor protector contra enfermedades cardiovasculares y reductor del estrés de sus  propietarios:  son  un  soporte  psicológico,  reducen  la  sensación  de  soledad  y  permiten  la  interacción de  sus  propietarios  con  el  medio  social  que  los  circunda.

En muchos países se reconocen las bondades de las compañías de las mascotas y su importancia en la vida humana. En los Estados Unidos este reconocimiento ha generado leyes que permiten la residencia de un animal con fines terapéuticos en las viviendas, donde no permiten la permanencia de mascotas. En estos casos el animal no es considerado como una mascota sino como parte necesaria de un tratamiento o como apoyo de una discapacidad, tal cual sería una silla de ruedas.

La tenencia de mascotas es un factor protector para las enfermedades cardiovasculares, pueden modificar varios efectos de riesgo: disminuyen la presión arterial, se reduce la frecuencia cardiaca, la ansiedad, el estrés por soledad, y se liberan endorfinas al acariciar a nuestras mascotas.

Relación Hombre – Animal.

La relación hombre-animal es tan estrecha, lo que ha llevado a que las mascotas tengan una gran aceptación en la vida del ser humano.

En un estudio realizado por Wod los autores encontraron que los dueños de mascotas rara vez o nunca se sentían solos, les era fácil entablar nuevas amistades y tenían un mayor número de personas a quienes recurrir ante una eventualidad o crisis, en comparación con personas sin mascotas.

Los propietarios de animales tienen una mayor facilidad de socialización y de establecer el vínculo de la confianza en las relaciones interpersonales.

En 1976, Simon Davis de la Universidad Hebrea, encontró un indicador del vínculo humano-animal: descubrió un esqueleto humano de aproximadamente 12 mil años, y con él, el esqueleto de un cachorro, lo cual le hizo pensar que entre éstos existía una relación afectiva y no alimenticia (Davis & Valla, 1978).

Para Katcher (1993) son cuatro los principios básicos de la interacción hombre-animal que permiten el establecimiento del vínculo. Estos principios son: seguridad, intimidad, afinidad y constancia.

Las relaciones con otros humanos no son necesariamente tan espontáneas y libres como las que se pueden establecer con una mascota. La compañía de una mascota ayuda a conseguir nuevas amistades y promueve interacciones sociales positivas y afectivas.

Aunque la mayor parte de los vínculos afectivos se desarrollan entre miembros de la misma especie, es posible el desarrollo de vínculos entre especies.

Los propietarios de gatos reportan que estos les proporcionan amor y afecto ilimitado, lealtad y dedicación incondicional; que se sienten reconfortados con su presencia, y aseguran que hablar y jugar con ellos les permite apaciguar sentimientos de enfado y desazón. 

En los perros, sin embargo, se ha observado una capacidad  no común a muchas especies domésticas, la posibilidad de crear un fuerte vínculo afectivo con el hombre, similar, o en ocasiones mayor que con sus conespecíficos (Serpell, 1995).

La capacidad de adaptarse fácilmente a convivir con las personas ha permitido la domesticación del perro.

Mascotas y sus dueños.

Los niños pequeños más fácilmente desarrollan una relación dueño-mascota de juegos. 

Para los adolescentes, por otra parte, un animal de compañía es más frecuentemente un compañero, alguien que lo protege y que sirve como mediador en su vida social (Cusack, 1991).

Se han encontrado diferencias entre hombres y mujeres frente a la función que para ellos representaba poseer una mascota; mientras que las mujeres reportan una función de facilitador social, incluyendo las mascotas como ayuda para superar tiempos difíciles, los hombres consideran razones prácticas tales como que las mascotas facilitan el ejercicio o sirven alguna función útil (Staats, Sears, & Pierfelice, 2006). 

Los efectos de la interacción con animales en el desarrollo de los niños han sido evaluados por diversos autores. Poresky (1996) ha mostrado que dichos efectos parecen limitados a la conducta social, pero otros autores argumentan que pueden extenderse al desarrollo cognitivo y a la autoestima (Levinson, 1978: Nathanson & de Faria, 1993) y a una mejora en la expresión de emociones en forma verbal y no verbal (Melson, 2000; Páramo et al., 1999). 

Referencias.

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